¿Es apelar a la salud una forma adecuada de promover el veganismo?

Posted: March 11th, 2021 | Author: | Filed under: General | Comments Off on ¿Es apelar a la salud una forma adecuada de promover el veganismo?

 

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Nota: La intención de este artículo no es atacar ni ponernos por encima de nadie. Simplemente nos apetecía escribir sobre este tema porque lo encontramos interesante y consideramos necesario que les activistas veganes evaluemos constantemente las estrategias que empleamos para analizar sus pros y sus contras. Sabemos que todes les activistas buscamos lo mismo (la liberación animal) y que cada une utiliza la(s) estrategia(s) que cree más efectivas y convenientes para lograrlo.

Tradicionalmente, lo que se conoce como “dietas veganas” (en este artículo nos referiremos a ellas como dietas 100% vegetales o vegetarianas estrictas) han estado asociadas a una serie de mitos negativos, como que carecen de nutrientes esenciales o que son incompatibles con el ejercicio físico. No es de extrañar, por tanto, que parte de los esfuerzos de les divulgadores del veganismo se centren en desmentir estos mitos y demostrar que una dieta 100% vegetal puede ser perfectamente saludable. De hecho, rara vez nos conformamos con la simple afirmación de que una dieta vegetariana estricta puede ser igual de saludable que una omnívora; normalmente ponemos el énfasis en que las personas veganas estadísticamente tenemos un menor riesgo de padecer todo tipo de enfermedades en comparación con las personas que siguen una dieta occidental convencional, y presentamos este dato como otro “beneficio” más del veganismo.

 

 

Les principales responsables de la asociación de veganismo y dieta saludable son: los medios de comunicación de masas (aunque también comparten artículos en los que relacionan el veganismo con las carencias nutricionales), las empresas alimentarias (que utilizan la imagen de marca y la publicidad para darnos a entender que sus opciones “veganas” son la alternativa saludable a su gama principal), las celebridades (como Beyoncé y su “reto vegano” de 22 días), les influencers de estilo de vida, les youtubers veganes (la mayoría tiene algún vídeo sobre los beneficios que notaron después de hacerse veganes), los documentales veganos (What the Health, Forks Over Knives, The Game Changers…), los medios de comunicación veganos (que tratan de imitar a los medios de comunicación de masas en su presentación y en su contenido para atraer a un público lo más amplio posible) y les activistas veganes. Todos estos agentes no existen aislados los unos de los otros sino que se solapan, combinan e influyen entre sí: los medios de comunicación suelen publicar noticias sobre las dietas de las celebridades, las celebridades a veces son activistas, las marcas comerciales se promocionan en los medios de comunicación veganos y a través de influencers, etc. Para el propósito de este artículo nos interesa mayormente la utilización de argumentos basados en la salud como estrategia para promover el veganismo por parte de los dos últimos, les activistas y los medios de comunicación veganos. Trataremos de evaluar la efectividad de esta estrategia y poner en la balanza sus ventajas e inconvenientes, con la esperanza de llegar a una conclusión sobre si el resultado es positivo o no. Tened en cuenta que este es simplemente nuestro punto de vista: ni queremos sentar cátedra ni creemos que nuestra perspectiva esté libre de sesgos o a prueba de críticas.

1. Las ventajas

Ya entrades en harina, vamos a comenzar exponiendo las ventajas que ofrecen les defensores de esta forma de promover el veganismo.

Es un hecho que la abrumadora mayoría de la población a nivel mundial consume alimentos de origen animal a diario. Si nuestro objetivo es que todas estas personas se vuelvan veganas (y que lo hagan cuanto antes), no es descabellado pensar que simplemente con argumentos que apelen a su sentido de la ética no lo vamos a conseguir nunca. La triste realidad es que a muchas personas no les importa lo suficiente el sufrimiento de los demás animales como para adoptar el veganismo. Por lo tanto, se vuelve indispensable utilizar todas las armas que tenemos a nuestro alcance.

 

1.1. La estrategia del “pie en la puerta” puede romper la barrera de la disonancia cognitiva

Algunes activistas defienden la estrategia del “pie en la puerta”, que consiste en un incremento progresivo de las demandas que hacen a las personas ajenas al movimiento. En lugar de solicitar un cambio profundo de forma directa, se piden pequeños pasos. Un ejemplo sería el llamado “reducitarianismo”, que se materializa en campañas como los lunes sin carne.

Dado que muchas personas priorizan su interés propio frente a argumentos éticos, es probable que se sientan más atraídas por la idea de reducir su consumo de alimentos de origen animal por el bien de su salud que por hacerse veganas por el bien de los animales. Si bien esta estrategia es antropocéntrica y especista porque pone por encima los intereses humanos frente a los no humanos, también existen evidencias de que a menudo, cambiar comportamientos de forma progresiva puede llevar, especialmente si este esfuerzo se acompaña de información y persuasión, a la adopción de cambios de hábitos más duraderos.

Aunque obviamente este proceso es muy complejo y difícil de medir (no es causal), existen posibilidades de que dejar de consumir productos de origen animal por salud pueda favorecer después la incorporación de una reflexión y comportamiento antiespecistas más amplios, puesto que a nivel psicológico se ha reducido la disonancia cognitiva que funciona como conflicto interno a la hora de recibir y procesar la información antiespecista.

 

1.2. Muchas motivaciones y argumentos motivan la adopción del veganismo

Existen estudios que confirman que la mayoría de personas veganas no lo son por una sola causa, sino que se sienten interpeladas por múltiples argumentos. Esta combinación y solapamiento de argumentos a favor de veganismo puede a menudo ser estratégica a la hora de promoverlo.

Incluir mensajes que enmarquen el veganismo como una dieta saludable, sin excluir necesariamente el argumento antiespecista o contra el cambio climático, podría ser efectivo para algunas personas, ya que estas pueden encontrar el impulso para el cambio en la suma y combinación de varios argumentos diferentes.

 

1.3. La preocupación por la salud, de forma crítica y global, puede ser una puerta hacia repensarlo todo

Estamos acostumbrades a concebir la salud de una forma muy limitada y segmentada, fruto de la herencia cis-masculina, colonial, capitalista-funcional, delgada y blanca. Repensar la salud desde un punto de vista global atento a la forma en que los sistemas de opresión repercuten materialmente en la vida y el bienestar de la mayoría de la población mundial y difuminando el binario entre la salud física la salud mental, relacional, ambiental… puede abrirnos la puerta para aproximarnos a “la salud” de una forma más profunda, que no sea neoliberal ni individualista.

No tenemos claro cómo sería cambiar radicalmente nuestro concepto de salud, pero algunas apuestas y luchas ya existentes como la salud comunitaria de los pueblos originarios, el modelo social de la discapacidad, el activismo antigordofóbico, la crítica feminista a la medicina androcentrada o la lucha contra la privatización de la sanidad pública, entre otras, nos hacen pensar en posibles vías colectivas que incorporen el veganismo como una doble práctica de respeto a los animales no humanos, con quienes compartimos el planeta, y como parte de una estrategia de salud humana comunitaria y comprometida contra las opresiones.

 

 

2. Las desventajas

Respecto a las desventajas, quienes escribimos este artículo hemos identificado varias, más o menos graves y más o menos discutibles.

 

2.1. El salutismo es una ideología que no queremos perpetuar

El salutismo es una ideología según la cual cada individuo tiene total control sobre su propia salud y la obligación moral de mantenerse saludable. Esta ideología está presente en todos los aspectos de nuestra sociedad, desde los anuncios de productos alimenticios light, pasando por las revistas de salud, hasta la estigmatización de las personas gordas (de las que se asume que están enfermas o lo estarán en el futuro) o el etarismo hacia las personas mayores (de las que se asume que tener mayor edad le hace tener menor salud). Es una ideología que bebe mucho del liberalismo, la ideología por la que cada individuo sería responsable de su propia suerte (si no consigue sus objetivos es por vague o irresponsable, nunca por factores sistémicos) y por la que se valora la independencia y la autosuficiencia como virtudes (ni hablar del bien común o del apoyo mutuo). El salutismo, del mismo modo, concibe la salud como una cuestión individual: no existe una salud colectiva o factores estructurales que condicionen la salud de cada une, sino un conjunto de personas individuales, cada una con sus propios hábitos y estilos de vida más o menos saludables. Cada una de estas personas es la última responsable de su estado de salud: si tiene dolor crónico, depresión o una enfermedad terminal es porque no ha hecho ejercicio regularmente, no se ha tomado los suplementos vitamínicos o ha consumido demasiada comida basura. Sin embargo, si bien puede existir cierto campo de acción individual sobre el propio cuerpo y los propios hábitos, la realidad es que la salud, además de ser un derecho, actualmente también es un privilegio sobre el que nadie tiene total control.

Animar a otras personas a hacerse veganas por el bien de su salud significa necesariamente asumir muchas cosas, como que están interesadas en mejorar su salud o que están dispuestas a ser aconsejadas. Esto no es necesariamente cierto: a muchas personas no les apetece oír los consejos culpabilizadores y acusatorios de personas que no conocen: ya tienen suficiente con el bombardeo publicitario y los resoplidos condescendientes de su médique de cabecera. También significa asumir que los hábitos de alimentación de esa persona son el único factor que influye en su estado de salud, ignorando factores sistémicos como la clase social, la raza o el género. Las personas marginalizadas son empujadas sistémica y sistemáticamente a los estratos sociales más bajos, desde los que es más difícil acceder a un empleo estable, seguro y con un salario digno; les resulta más complicado acceder a viviendas amplias, luminosas, bien aisladas, con calefacción, bien equipadas…; son excluidas de la sanidad pública o privada; cuentan con menos tiempo, energía y medios que les permitan no tener que recurrir a comida rápida y precocinados… no tener en cuenta todos estos factores socioeconómicos supone tener una perspectiva incompleta, liberal e individualista de la salud.

 

 

Otro aspecto de la ideología salutista es que no tiene en cuenta la importancia de la salud mental. Pensad, por ejemplo, en la imposibilidad de acceder a una terapia decente a través de la sanidad pública. La salud mental puede verse resentida por muchos factores: vivir en un piso sin luz natural ni calefacción, no tener tiempo libre para hacer vida social, no poder acceder a une psicólogue por la vía privada, tener une jefe violente, estar oyendo constantemente voces indeseadas que te dicen que lo estás haciendo todo mal y que deberías cuidarte un poco… Además, la salud física y mental se retroalimentan e influyen constantemente (por ejemplo, aislarnos en una habitación para no contraer una enfermedad contagiosa nos puede conducir a un estado de depresión que a su vez nos vuelva menos propenses a hacer ejercicio regularmente). Quizás convendría, de hecho, repensar este binario salud física/salud mental, puesto que estas categorías no deberían entenderse como islas independientes. No tenemos una teoría completamente formada sobre la ruptura de este binarismo pero sería interesante seguir reflexionando sobre ello en el futuro. Os remitimos a los enlaces que compartimos más arriba, en la última sección de las ventajas.

En resumen, la experiencia de la opresión y la desigualdad estructural perjudica la salud física y mental de las personas por innumerables factores más allá de sus decisiones de consumo individuales. Es importante que desafiemos o repensemos la idea hegemónica de la salud, por la que ésta se entiende de una forma limitada (sin tener en cuenta la salud mental o cómo esta se interrelaciona con la salud física, ni los factores que pueden intervenir más allá de nuestro control) y se presenta como un imperativo moral y una responsabilidad individual.

 

2.2. Las expectativas poco realistas pueden dar lugar a un efecto rebote

Encontramos problemático promover el veganismo mediante promesas de beneficios personales, sobre todo si no sabemos a ciencia cierta si éstas se van a cumplir realmente: al fin y al cabo, nadie nos puede asegurar que la dieta vegetal que sigan las personas a quienes convenzamos vaya a ser completamente “sana” o “equilibrada” (es posible vivir a base de fideos instantáneos y arroz con tomate frito) o que no haya otros muchos factores que puedan afectar a su salud (algunos sistémicos, otros genéticos, otros relacionados con sus hábitos, o simplemente el puro azar). Las expectativas poco realistas que a veces damos a las personas no veganas provocan que, cuando éstas no se cumplen, acaben decepcionándose y volviendo a consumir alimentos de origen animal. Carol J. Adams y compañía hablan de esto en su libro Even Vegans Die:

«¿Entonces, por qué tantas expectativas y promesas en torno a las dietas veganas? La mayoría lo hacemos con la mejor de las intenciones: queremos salvar animales. La mayoría de la gente quiere sentirse y verse bien, y muchas quieren perder peso. Si podemos hacerles creer que una dieta vegana provoca esos beneficios y muchos más, parece que los animales saldrían beneficiados.

Pero hay una desventaja. Ponemos el veganismo en una situación de la que solo puede salir perdiendo cuando hacemos promesas sobre la dieta vegana que no podemos cumplir. Si alguien enferma o no pierde peso o no se cura su diabetes, entonces lo que le hemos prometido resulta no ser cierto».

El ejemplo más mediático y notorio de esto son las incontables celebridades “veganas” que acabaron volviendo a los alimentos de origen animal tras comprobar que esta “dieta” no cumplía lo que prometía (ya fuera porque las expectativas puestas en ella eran irreales o porque las dietas que seguían eran peligrosas e incompletas). Estas historias, por cierto, son muy jugosas para los medios y sirven para propagar mitos anticuados y difamar al movimiento.

 

2.3. La presión y la culpabilización tienen un impacto negativo en nuestres compañeres (percibides como) enfermes

También nos preocupa que les veganes (percibides como) enfermes puedan llegar a sentir que no están representando adecuadamente al movimiento. Desgraciadamente, nos hemos encontrado unos cuantos casos de personas que opinan que es necesario demostrar en nuestro día a día, a través de nuestros cuerpos y nuestros hábitos, que el veganismo es un estilo de vida saludable. Algunos ejemplos explícitos son los siguientes párrafos extraídos de Respuestas Veganas y Vitamina Vegana, respectivamente:

«Debido a que el veganismo no se practica por salud, sino para respetar a los demás seres sintientes, es totalmente compatible ser vegano con comer comida vegana que sea poco sana, con fumar, con beber alcohol, con no hacer deporte, etc. Sin embargo, es lógico que quien practica el deber de defender a los demás seres sintientes deba cuidar un poco su propia salud (física y mental) para poder defender a los demás seres sintientes y también para dar una mejor imagen al movimiento».

«Incluso si la salud no es el motivo por el que te hiciste vegan, esto no significa que no puedas, quieras o debas aspirar a mejorar tu salud y alcanzar tu mejor versión, física y mentalmente. (De hecho, como inevitable embajador del veganismo que eres, más vale que tu salud y tu estado físico inspiren confianza en los demás…)».

Esta es otra manifestación más del salutismo y el health shaming (humillación por salud), la obligación moral de ser saludable y performar la salud constantemente. Pero no nos dejemos engañar: ni somos embajadores de nada ni tenemos que demostrar nada. Los cuerpos veganos son diversos y no existe ningún estilo de vida ni estado de salud que sea intrínseco al veganismo. No estamos obligades a fingir ser quien no somos ni a demostrar u ocultar nuestro estado de salud por miedo a perjudicar al movimiento; quienes realmente lo perjudican son les empresaries, les polítiques, les ganaderes, los toreros y los cazadores, entre muches otres.

 

 

Quienes sufren la gordofobia saben que estas expectativas se multiplican en los cuerpos gordos. Nuestra sociedad equipara delgadez con salud y gordura con enfermedad, por lo que la gordofobia opera de forma similar al salutismo: se asume que la delgadez es una responsabilidad individual al alcance de todes y que si una persona está gorda es porque es perezosa o carece de fuerza de voluntad. También es relativamente común que les veganes gordes se sientan unes representantes inadecuades del veganismo. Citando a Magdalena Piñeyro en “Mitos Gordófobos en movimientos veganos y antiespecistas” (dentro de Parole de Queer Antiespecista):

«Confieso, he sentido vergüenza gorda en la cafetería vegana de mi ciudad. Fue fugaz, pero por unos segundos, antes de lograr disiparlo, me invadió el siguiente pensamiento: “Si pasara alguien por la calle y viera la incorrecta estampa vegana que supone mi cuerpo gordo sentado al lado de la ventana principal del local, seguro desistiría de entrar aquí… soy un mal ejemplo de vegana”. […] La gordofobia se asienta sobre tres pilares: estética, salud y moral. Éstos ofrecen, respectivamente, un modelo de cuerpo externo (delgado), interno (sano) y de conducta (disciplinado). La sociedad gordófoba entiende que estos tres elementos se relacionan entre sí de manera lógica y coherente, es decir, que la persona delgada está sana y se rige por la recta razón, la disciplina y el autocontrol, mientras que la persona gorda está enferma y, en palabras de la activista Laura Contrera, su cuerpo es “la cosa desatada, desobediente e indisciplinada”, en definitiva, un fracaso. Partiendo de la consideración neoliberal del cuerpo como producto de la decisión y responsabilidad individual exclusivamente, la gorda es vista como un “mal ejemplo” de ser humano en todos los ámbitos y, en consecuencia, también en el activismo antiespecista que encuentra en ella una persona cuya imagen -fallida- denostaría la lucha».

Ni que decir tiene que todas estas expectativas traen consigo incontables problemas de salud mental como depresión, traumas, dismorfia corporal o trastornos de la conducta alimentaria, aunque esto no parece preocuparles demasiado a quienes se llenan la boca con que “no es por gordofobia, es por salud”.

 

2.4. Los animales no humanos merecen ocupar el centro de nuestro discurso

La última desventaja que le vemos a asociar el veganismo con la salud es estratégica. Como hemos visto, muchas personas opinan que la salud es una buena estategia para “colarle” el veganismo a cierto sector de la población. Como ejemplo notorio tenemos a Tobias Leenaert, confundador de Proveg International y autor de Hacia un Futuro Vegano. Leenaert opina que la mejor forma de hacer que el mayor número posible de personas se “veganicen” es prometiéndoles ganancias personales (realización personal, salud, bienestar, felicidad, etc.), en lugar de hablarles de justicia para los animales no humanos. Nosotres no estamos de acuerdo con lo que dice porque el veganismo no es una dieta (comprende mucho más que la alimentación) ni una lista de la compra. Está genial conseguir que alguien deje de consumir productos especistas, aunque sea momentáneamente, pero para nosotres lo realmente importante es que interiorice el antiespecismo y comprenda que los animales no humanos son sus iguales, no recursos u objetos que pueden ser poseídos. Además, creemos que decirle a la gente lo que tiene que hacer de una forma aparentemente arbitraria (nosotres tenemos claro que lo hacemos por los animales, pero elles solamente perciben que les estamos diciendo lo que tienen que hacer) se puede percibir como condescendiente y autoritario.

Siempre lo decimos: según nuestro punto de vista, es necesario que los animales no humanos estén en el centro de nuestro discurso. Estamos a favor de desmontar mitos y dejar claro que no comer productos provenientes de la explotación no humana es perfectamente compatible con un buen estado de salud y que, de hecho, una dieta 100% vegetal mínimamente bien llevada es mucho mejor para la salud que la dieta habitual de Occidente (lo cual no tiene mucho mérito), pero nuestro movimiento no se trata de esto. El veganismo es un proyecto político cuyo objetivo último es el fin del especismo (que se manifiesta no solamente en nuestra alimentación, sino también en la forma en la que nos vestimos, nos transportamos, nos entretenemos, estudiamos tratamientos médicos, etc.). Para llegar a este cambio de paradigma se necesita mucho más que conseguir que muchas personas cambien sus hábitos alimenticios: es necesario educar y concienciar en el antiespecismo. Desvincular el veganismo de su ideología y posicionamiento radical nos ha llevado a que gran parte de la población piense que el veganismo es un estilo de vida relacionado con el fitness o el wellness o una dieta más de todas las que los medios de comunicación nos intentan meter con calzador constantemente (detox, paleo, keto, low carb…). A las empresas capitalistas y explotadoras de animales esto les conviene muchísimo: si la palabra deja de tener su significado radical y político, es decir, si el veganismo se convierte en una dieta o una moda, no tienen nada que temer, más bien mucho que ganar.

3. En conclusión

Hemos presentado algunos argumentos sobre por qué podría ser interesante y efectivo apelar a la salud para promover el veganismo, como la teoría “del pie en la puerta”, la potencial efectividad de usar múltiples argumentos de forma conjunta o la incorporación del veganismo y el antiespecismo como prácticas que se enmarcan bajo un paraguas de salud global y crítica. De forma similar, hemos explicado el carácter problemático de recurrir a la salud en el actual contexto capitalista, gordofóbico, capacitista, edadista, cis-hetero-machista y racista: perpetuar el salutismo, generar falsas expectativas y confusión entre quienes reciben nuestro mensaje, aumentar la presión y culpabilización hacia les activistas veganes que se salen fuera de la norma de lo (considerado) saludable o el relegar a un segundo plano el antiespecismo y descentrar a los animales no humanos en el mismo movimiento que busca su liberación.

Si bien el objetivo principal de este artículo es promover la reflexión y el debate entre les activistas antiespecistas, nuestro posicionamiento es que apelar a la salud para promover el veganismo entraña demasiados problemas en lo que se refiere a amplificar la opresión de los animales humanos y no humanos. Pensamos que en el actual contexto capitalista es importante romper con la idea del veganismo como una dieta mercantilizable más, y por el contrario consideramos que nuestros esfuerzos deberían dirigirse a recentrar a los animales no humanos y su opresión en la lucha antiespecista, así como en recuperar y fomentar el sentido ético y político antiespecista original del concepto “veganismo”. A la vez, no queremos reproducir discursos salutistas que oprimen a nuestres compañeres humanes y les alejan del movimiento al no considerar ni representar sus realidades y sus cuerpos diversos (no funcionales, gordos, trans, racializados, mayores, etc.). Los animales no humanos necesitan aliades, la mayor cantidad posible, y es responsabilidad de todes les que estamos comprometides con esta lucha construir un movimiento realmente inclusivo y donde se desarticulen las diferentes formas de opresión. Si bien la dieta vegetariana estricta es compatible con una buena salud, no pensamos que este deba ser el argumento central en nuestro discurso y nuestra lucha, y los peligros que supone usarlo deben ser abordados si realmente buscamos ser efectives e inclusives.

Partimos de que todes estamos tratando de usar las herramientas que tenemos a nuestra disposición de la mejor manera posible, y de que lo que está en juego, la vida y la libertad de miles de millones de animales, es tremendamente importante. Esperamos que este artículo sea una contribución en esta dirección.


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